DIA 17: POLÍTICA DIGNA

He decidit copiar un post que ha penjat Carlos Carnicero al seu blog. Són bons arguments i els anem a necessitar-los estos dies. Podeu llegir més articles ací.

POR LA DIGNIDAD DE LA POLÍTICA

 

Hay que rechazar la trampa del “voto útil” como reclamo de los dos grandes partidos. El “voto útil” es el que encaja en la ética y la conciencia de cada ciudadano con los proyectos que se quieren apoyar independientemente de la fortaleza previa que tengan.

El voto útil es el que se integra en la conciencia de cada uno sin especulaciones matemáticas sobre la forma que tendrá el gobierno. Lo demás son trampas del sistema. Ningún voto se pierde salvo los que quedan abducidos por un sistema de partidos caduco.

Los grandes partidos siempre han apelado al voto útil para conformar sus mayorías, tratando de sacar del juego político a formaciones menos poderosas. De esa forma, la alternancia política se configura como una carrera de relevos entre el PSOE y el PP que margina del protagonismo a los pequeños que están condenados a seguir siendo por esta diabólica concepción de la política. Si hacemos caso al llamamiento al “voto útil” los partidos más pequeños no podrán crecer nunca y con ello se garantiza la impunidad de los grandes.

Cada ciudadanos debe sentirse responsable de su voto y no aceptar chantajes. Ahora se formulan como en cada elección. Los incondicionales del PSOE pretenden trasladar la responsabilidad de una victoria del PP a quienes no voten a Rubalcaba. Y el PP reclama el voto para conformar una fuerte mayoría. Nada es aceptable como valor absoluto.

El voto no se regala ni se pide prestado: cada voto debe conquistarse por los méritos de quien lo reclama. Y el voto solo es propiedad de quien lo emite. Y con él hace lo que quiere para elegir diputados al congreso y senadores, independientemente de las combinaciones matemáticas para elegir a un gobierno después.

El 20-N es una gran ocasión para revolucionar los comportamientos electorales, y para ello no sería mala cosa tener en cuenta los siguientes principios.

Primero: es inaceptable el chantaje formulado sobre la libertad de crítica de los ciudadanos y los analistas políticos. Ejercer la crítica frente a los inmensos errores del PSOE es un acto de libertad, de independencia de pensamiento y elemental para conseguir la regeneración ética de un proyecto liquidado. Afirmar que criticar al PSOE es favorecer al PP es una falacia insoportable. Al PP le favorecen los inmensos errores del PSOE, su volatilidad del proyecto socialdemócrata y su deslealtad con los electores que le dieron su confianza para que ejecutara un programa y lo ha variado sin consultar a nadie. Si indirectamente sale favorecido el PP es responsabilidad de los dirigentes socialistas que no son capaces de ilusionar con sus proyectos.

Segundo: los únicos que responsables de que gane el PP son los ciudadanos que le den su voto. Se puede votar a formaciones distintas del PP y el PSOE y no cargar con las consecuencias de que se forme uno u otro gobierno.

Tercero: cada partido tiene que ganarse el voto por sus propios méritos y no como una alternativa indirecta para que no gane el contrario. Hay que romper esa dinámica de “que viene el lobo” para evitar cargar con las responsabilidades propias.

Cuarto: tanto el PSOE y sobre todo el PP han hecho méritos sobrados para que ningún progresista les de ampara en esta ocasión. La propuesta razonable para un cambio del paradigma político es no votar a ninguno de estos partidos.

Quinto: hay muchos intelectuales y periodistas que coquetean con la indignación de la calle pero siguen afirmando que el PSOE es la única salvación frente al PP. La salvación del sistema democrático, que va mucho más allá del resultado de estas elecciones, aconseja una renovación de la política sin dejarse engatusar por ninguno de los grandes partidos.

Sexto: Quien crea que votar al PSOE es un mal menor, que se moje y lo diga. Yo creo que no hay que votar a ninguno de los dos grandes partidos. Lo que exige las circunstancias es votar a otras formaciones y darles presencia en el Parlamento o votar en blanco para castigar al sistema y empujar su regeneración.