Caprichos de servilleta

6 de noviembre. Hoy he estado en el Oceanogràfic, oasis al este de la ciudad, no calatraviano, o calatravista, o en fin, como sea. Hay muchas diferencias desde la primera vez que fui, aunque sin duda, la más notable es ese edificio horrendo, inacabado, inútil, defectuoso y desproporcionado que se erige sobre el acuario de manera amenazante. Me refiero al Ágora.

El molusco gigante, de nombre pretencioso, es la metáfora de las decisiones políticas de los últimos años. También, en cierta manera, es la representación de lo que ha sido nuestra sociedad. Edificio incompleto que no sabemos cuándo ni cómo se acabará. Contenedor vacío que sólo alberga una semana de moda y una de tenis de segunda, eventos para que los niños de papá luzcan sus polos con el caballito.

Edificio carísimo de construir, limpiar, mantener, cuya cubierta hace aguas y su hábil diseñador encima cobra por arreglarla. Edificio que, además de los cristales, rompe la perspectiva desde la ciudad de los peces hacia la ciudad de las ciencias.

Y los ciudadanos ¿cuándo perdimos la perspectiva política? Dicen las malas lenguas que el Ágora fue un capricho que en una cena entre el arquitectísimo y el President de los trajes nació dibujado en una servilleta. Parido así, no me extraña que no sepan cómo acabarlo.

El problema es que las inversiones más importantes hayan sido casi todas, eso: caprichos carísimos. La Ciudad de la Luz, la Ciudad de las Lenguas, el aeropuerto peatonal, el Palacio de Congresos de Castellón, Mundo Ilusión… hasta aquellas que no existen nos han costado una millonada.

Nos cuesta diez millones de euros al mes mantener la ruina faraónica, porque claro, hay que mantener a estos hijos tontos del gobierno de Camps-Fabra. Sin embargo, el mismo gobierno no pone en marcha infraestructuras sanitarias o aboca al cierre a la investigación científica, porque considera que son un lujo que no nos podemos permitir.

Lo que no deberíamos podernos permitir son estos gobernantes, que han sustituido el sentido común por el capricho y el interés general por el interés particular de ellos mismos, su partido y sus despabilados amigos del alma.