Entre un clavel y una rosa

Cuenta una fábula infantil que en un lejano país gobernaba una reina que era coja. Una anciana se apostó con sus paisanos que sería capaz de restregarle a la reina a la cara su cojera, sin que represalia alguna le hiciera pasar la noche en las mazmorras. Los incrédulos daban por ganada la apuesta.

El día señalado la anciana se acercó a la reina con dos ramos de flores. Uno de claveles y uno de rosas. Se acercó a la soberana y ofreciéndole una flor de cada ramo, decía: “Entre un clavel y una rosa su majestad escoja”. Su majestad es coja”. Ganó la apuesta, la reina se quedó las flores y todas contentas, menos los que habían perdido la apuesta, claro, pero tampoco insistía mucho más el cuento en ellos.

Así me lo enseñaron a mí de pequeña, aunque posteriormente pude saber que esta apuesta se atribuye a Quevedo y que la reina en realidad no estaba en un país lejano, sino que era Mariana de Austria, esposa de Felipe IV. No sé porqué, el lunes, durante eso que han llamado debate, me acordé de esta leyenda.

Interrogando mi inconsciente he llegado a la conclusión de que lo de la rosa puede que sea por Rubalcaba, obvio, y lo del clavel supongo que es la flor que le pega a Rajoy en la solapa, tan reventón como arcaico es él. ¿Y la cojera? Puede que cuando los personajes principales son un converso y un hechicero, no cabía esperar mucho más.

Un converso que dice que hará lo que no hizo o lo que deshizo durante su etapa en el Gobierno y un hechicero que fía su éxito a la fe, vótenme que esto yo lo arreglo, aunque no sé cómo ni de qué manera, y cuyo programa parece guardarse en los archivos vaticanos. Bueno no, que Rubalcaba se lo ha leído.

Todo parece indicar que la cojera ayer afectaba al pluralismo político. La cojera se evidenciaba en el vacío de la kilométrica mesa de personajes autocomplacientes. La cojera fue aquello de lo que no se habló. La cojera fue lo que no se contradijo, porque no había nadie para contradecirlo. La cojera fue la ausencia de los otros partidos que se presentan a estas elecciones. Entre un clavel y una rosa… habrá que trabajar para que no se nos quede coja nuestra democracia.