Elegir o decidir

Primer día de campaña y no pido el voto. Algunos asistentes al mitin extrañados me preguntan. ¿Y el voto? No suelo pedir el voto. Animo a la gente a votar. Animo a la gente para que su voluntad cuente. Pero no pido el voto. Creo que los ciudadanos y ciudadanas ya saben lo que quieren votar. Y si dudan, no les va a cambiar de opinión el simple hecho de que les pida el voto.

Creo, o deseo al menos –a veces se me mezcla el deseo y la realidad- que la gente decida en función de lo actos de cada uno, más que por las promesas de bajarles la luna. No sé qué me frena de pedir el voto. Quizá sea una cuestión de pudor. O quizá vaya un poco más allá y parta de la insatisfacción de no estar segura de lo que la política partidaria ofrece para elegir.

Y ahí voy a la cuestión de fondo. En las elecciones elegimos. Elegimos entre varias ofertas que nos presentan los partidos o coaliciones. ¿Pero realmente decidimos? En nuestro país ¿cuál es la posibilidad de los ciudadanos sin afiliación a un partido de influir en la oferta electoral que se les presenta?

Cuando a mi hijo Emilio de cuatro años le pregunto: ¿qué quieres para cenar: salmón o merluza?, puede que el piense que decide. Pero en realidad lo único que puede hacer es elegir entre dos opciones. La que decide que esa noche se come pescado soy yo.

De hecho, cada vez me resulta más difícil esta estrategia, porque cuanto más mayor se hace, menos cuela y últimamente me contesta: “pero mamá es que yo quiero salchichas”. Pero ¿qué pasa cuando los ciudadanos queremos salchichas y no están en el menú electoral? Esta es la pregunta.

Pienso que nuestras formaciones políticas deberían avanzar en procesos de decisión en que cada ciudadano cuente, aunque no tenga carnet, aunque no quiera tenerlo. Los tiempos modernos con sus tecnologías favorecen procesos abiertos en que las personas podamos ser más protagonistas de las decisiones de los partidos.

Poder decidir y no sólo elegir, puede que sea la respuesta. De momento el 20-N podremos elegir, que no es poco, pero no suficiente. Elijamos pues hoy, para poder decidir mañana.

DIA 33: EL CIS DIU QUE SÍ

Hui hem tingut el pre-electoral del CIS que ha assignat escons i anticipa una majoria absolutíssima del Partit Popular. Ací el teniu a la vostra disposició. CIS.

Assignen a la nostra coalició un escó amb un 0,41 dels vots sobre cens, és a dir, 142.000 vots. No ens assignen indecisos . A Coalició Canària, amb un vot del 0,2% li projecten fins el 0,6%. En el nostre cas, per l’absència de referències contundents de record de vot, han decidit deixar-nos amb el vot directe i prou. Estudiem els 68 casos de les taules que han trobat de voluntaris que varen explicitar que no votaven a cap partit dels proposats i que indiquen que votarien Compromís. N’havien d’haver trobat a 7 per record de vot respecte a 2008 i n’han trobat 10 vegades més. Ja va passar això a les autonòmiques on a València ciutat n’havien trobat 6 votants de BLOC-IdPV-VEE de Generals 2008 i ara hi havia tants que dibuixaven 35.000 vots. Els que va traure l’amic Ribó, que era volgut com alcalde per 30.000 veïns del cap i casal. Ens posaren un resultat estimat demencial, per quedar bé i acabar prompte.

Ara no han preguntat per nosaltres directament, ni per EQUO ni per Amaiur. Així les coses hem d’agrair tanta espontànietat.

Traslladem ací els números que donen els partits parlamentaris, sobre els que tenim informació sobre record de vot. Perquè, per COMPROMÍS-Q no han preguntat directament. No obstant tenim algunes dades molt interessants a partir dels enquestats valencians i valencianes que diuen que ens votaran o que volen que guanyem les eleccions.

A la pregunta ¿Y qué partido o coalición le gustaría a Ud. que ganara? Hi ha 176.000 electors que voldrien una victòria de COMPROMÍS-EQUO.

El PP se n’ix del tauler i al territori valencià sempre ha estat un 20% com a mínim per dalt de la mitjana estatal. Això sembla que s’ha acabat, com a mínim. El PSOE sol clavar els resultats, i el comportament del partit de Blanqueries és el de la mitjana espanyola
IU en 2008 va obtindre 970.000 vots a Espanya dels quals un 4,8% venien de la província de València. Ara en tenen 1.561.000 que donarien 75.000 vots. El PP en tindria prop de 800.000 i el PSOE si aporta el 5,4% dels vots d’Espanya, arribaria a 405.000 vots a la província de València, perdent 194.000 vots. Compromís n’acredita segons els CIS més de 110.000.

Ja estem en campanya. Hui a Sueca he vist a un Baldoví que ja se sent diputat i a una Mònica Oltra brutal. No trobe una altra definició millor per al discurs d’esta dona. I el regal de Pepi i les filles de Joan que ens han cantat un espectacular “Que tinguem sort”. Anem a mil i tenim les claus que obrin molts panys. Les explicarem en privat.

Ací teniu les taules.

Cara a cara

21 grados centígrados. No es el título de la última película de González Iñárritu. 21 grados centígrados es la temperatura del plató en el que el lunes que viene se enfrentarán cara a cara Rubalcaba y Rajoy en un debate organizado por la Academia de Televisión y que moderara el periodista Campo Vidal.

Hasta este nivel de detalle hemos conocido a través de los medios de comunicación los pormenores del evento. Y digo evento, porque lamentablemente el debate político está ausente de los platós de televisión, al menos en las franjas horarias de máxima audiencia, a pesar de meritorios esfuerzos de programas como 59 segundos o Al rojo vivo.

Así es que a falta de chicha que comentar sobre el contenido del debate se nos bombardea con las banalidades de la forma del acontecimiento. Cuántos segundos tendrá cada uno, el sorteo que decidirá quién empieza, como se repartirán los candidatos su tiempo y otras pequeñeces tan cacareadas como irrelevantes, en un momento en que los ciudadanos queremos saber el qué y no el cómo.

Pero claro, este empeño de la política en particular y la sociedad en general de reducirlo todo a dos, desde las relaciones afectivas, hasta los colores, abocando continuamente a una dicotomía que no se corresponde con la diversidad social, reduce también a niveles alarmantes la pluralidad política y por lo tanto, también amenaza gravemente el pluralismo político, fundamento de nuestra democracia. Tienes que elegir: rojo o azul, Pepsi o Coca-Cola, Madrid o Barça, Rubalcaba o Rajoy… ignorando que existe el verde, el naranja, el zumo, el Valencia o el Recreativo de Huelva y que sorprendentemente, ¡oh, sí! también hay gente que los sigue, que se identifica, que se los pone o que se lo bebe. También en política somos muchos quienes no nos identificamos con la pareja impuesta. Ni para beber, ni para votar.

DIA 32: DIGUEM NO

EL PSOE no ens ha vol sentir a nosaltres ni a cap partit als debats de Canal 9. Ens volen donar 11 segons perquè expliquem el programa polític d’una formació que ha recollit 26.000 avals. Però nosaltres volem que totes les formacions puguen expressar-se, proposar, que totes les veues siguen escoltades.

Si la televisió, si Canal 9, és un servei públic i les eleccions són d’interés públic general, per què no poden tots els partits tindre encara que siga cinc minuts per explicar les seues propostes?

Hi ha quinze dies de campanya i poc més de tretze partits o coalicions que es presenten. Què costa que totes les nits es dediquen 10 minuts en la televisió pública a obrir una finestra a la llibertat d’expressió?

No era això la democràcia companys i companyes?

Molts sou joves i no ho recordareu. A mi també m’ho contaren però encara ressonava en l’aire quan era menut.

Diguem no. Nosaltres no som d’eixe món. Ara més que mai.

Empieza el espectáculo

Empieza la campaña electoral para elegir el futuro Parlamento. Empiezan los mítines, las pegadas de carteles, la caza sin cuartel del disputado voto del ciudadano anónimo. Empieza el todo vale, la repetición de consignas –aunque sean verdad-, las grandilocuencias y los histrionismos.

¡Empieza el espectáculo! Y en este espectáculo en que los actores buscan ser protagonistas, a los ciudadanos y ciudadanas se nos reserva el lugar de simples espectadores. Espectadores de un discurso público que se ha reducido a mero electoralismo. Espectadores que ya no se acuerdan de cuándo la política fue secuestrada por el partidismo. Espectadores que observan resignados cómo muchos políticos o candidatos hablan sin pausa para ocultar aquello que piensan o sienten.

Espectadores que hace tiempo nos preguntamos qué fue de la soberanía, del poder de decisión del pueblo, de la voluntad canalizada a través de las urnas. Puede que estos días convulsos en que el ejemplo de Grecia evidencia hasta qué punto los mercados han anulado el significado de la democracia, hayan influido mucho en esta reflexión.

Pero también, las ganas de recuperar el poder de decisión para los ciudadanos y ciudadanas. También la esperanza de que volvamos a tener el papel protagonista que nunca debimos perder. En ese camino espero encontrarme, espero encontrarnos. Que empiece pues…