Príncipes destronados

7 de noviembre. Hubo un momento en que cada centro, museo o fundación era bautizado con nombres de la realeza. De la monarquía actual, quiero decir, y así asistimos al nacimiento del Museo Príncipe Felipe, el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia o el Centro de Investigación Príncipe Felipe. Muy originales no han sido los ideólogos de estos bautizos en su ataque de exaltación monárquica exacerbada. Pero en fin, con permiso de ilustres investigadores del pasado -puesto que no queda bien bautizar un centro con el nombre de un investigador vivo- pongámosle el nombre de un monarca o heredero vivos, que con la realeza no hay tantos remilgos. No sé si habrá sido una especie de cenizo, pero ya van dos de los centros apadrinados –al menos nominalmente por la monarquía- que agonizan económicamente. Perdón, uno agoniza, el Centro de Investigación Príncipe Felipe, y el otro está directamente muerto, el Centro Reina Sofía. Y es que el PP es como las termitas y en menos de lo que canta un gallo, hace desaparecer lo que ayer eran buques insignia de la investigación y la ciencia de los que presumir a lo grande. Destronando príncipes y princesas podría ser el titular de esta noticia, quizá también al príncipe o princesa que todos en alguna medida nos creímos cuando nos tragamos que atábamos los perros con longanizas. La asfixia económica a la que el Gobierno ha sometido al Príncipe Felipe –al centro entiéndase- aboca a un centenar de trabajadores a un expediente de regulación de empleo, prácticamente acaba con las becas y pone en serio riesgo investigaciones biomédicas que podrían ser una puerta abierta al futuro. Así, la única puerta que se abre es la de la fuga de cerebros. Hoy el conseller de Sanidad -el señor al que los hospitales le parecen un lujo- en su comparecencia para explicar los presupuestos de sanidad, daba la puntilla a la investigación y a la ciencia, con una frase a la altura de su Gobierno: “En 1990 un investigador dijo que en diez años acabaríamos con la diabetes y veinte años después sigue de la misma manera” (sic). Y pensar que con lo que nos cuesta en un solo mes mantener la ruina de los eventos faraónicos, el centro de investigación podría funcionar un año entero…

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